El ritmo – el gran maestro en la educación
La vida del hombre es rica en ritmos. No solamente juegan
un importante papel
en todos los procesos vítales, sino también en los procesos cognoscitivos.
Cada cambio rítmico es al mismo tiempo un proceso de transformación.
El aire que exhalamos es totalmente distinto del aire inhalado. Tales transformaciones
pueden ser descubiertas también en el aprendizaje infantil. Quien ya
sabe escribir ha olvidado los enormes esfuerzos para dibujar las primeras letras
.
Aquello que se aprende puede ser olvidado de nuevo, porque se transforma en
capacidad. El ritmo del recuerdo y el olvido se convierte en una aproximación
metodológica
básica para la formación de las capacidades. Los maestros Waldorf
apoyan este proceso no solamente a través del ritmo en el movimiento,
sino también a través de métodos didácticos que
contemplan la naturaleza rítmica del aprendizaje.

En el transcurso de los últimos diez años se ha redescubierto
el sentido del ritmo para el hombre.
Podemos ver como toda vida es ritmo, como el conjunto de procesos vitales
es una armonía de ritmos, si observamos el ser humano descubrimos una multiplicidad
de ritmos diferentes. La investigación cronobiológica ha estudiado
el carácter rítmico de los procesos metabólicos y su significado
para la ciencia médica. Pero no solamente aparecen los ritmos en el metabolismo,
el ser humano también se sitúa en una relación rítmica
con su entorno. Ello es evidente en dos ámbitos de los que raramente nos
ocupamos: Los ritmos de inspiración y expiración y los ritmos de
sueño y vigilia. Aunque ambos procesos rítmicos están relacionados
con el ámbito fisiológico, podemos experimentar cómo se
hallan directamente relacionados también con el estado anímico. ¡Cuán
diferente es la respiración en el momento en que tensos esperamos el desenlace
de una historia de aventuras, de cuando en estado casi de ensoñación
escuchamos una sinfonía! Cualquiera que traspasar una noche de insomnio
vuelve al trabajo a la mañana siguiente sabe cuánta relación
guarda un buen sueño nocturno con la capacidad de concentración.
Ambos ritmos, que acompañan al hombre durante toda su vida, desde el nacimiento
hasta su muerte, cambian a lo largo del transcurso de la vida, lo que se puede
ver claramente al comparar el ritmo de sueño de un niño,
con el de un adulto.
Un niño recién nacido duerme aproximadamente 20 horas.
Durante los primeros meses se prolongan lentamente los períodos de vigilia
y al final del primer año de vida el niño permanece despierto más
de la mitad del día. Al iniciarse la etapa escolar desaparece la siesta
y solamente en la etapa de la pubertad la duración del sueño, así como
la estructura externa del mismo, se aproximan a las del adulto.
Es interesante considerar la relación entre un interés dirigido
del niño y el aumento de los periodos de vigilia. Cuanto más tiempo
pasa un niño despierto más atención dedica a su entorno.
Aquí se puede constatar un paralelismo entre la vigilia fisiológica
y la vigilia anímica, que puede tener un especial significado para la
comprensión del aprendizaje infantil y la enseñanza.
El sueño no juega solamente un papel pasivo en la vida anímica
del ser humano. Si durante el día no hemos podido resolver un problema
la sabiduría popular nos dice: “Consúltalo con la almohada”.
Ante una decisión vital, sobre la cual antes de dormir hemos pasado de
pros a contras y de contras a pros, podemos encontrar al despertar una clara
dirección que tomar. Tales experiencias nos indican que el sueño,
que ante la conciencia diurna aparece como un tiempo de inconsciencia, no es
realidad un período de inactividad anímica.
Este intercambio entre conciencia e inconsciencia, entre sueño y vigilia
es un aspecto central del proceso de aprendizaje. Quien sabe escribir ha olvidado
los enormes esfuerzos necesarios para dibujar las primeras letras. Todo aquello
que se aprende puede ser olvidado de nuevo , es decir, puede desaparecer de la
conciencia de vigilia. Olvidar es para el pensamiento, lo que el sueño
es para el hombre completo.
Como muestra el ejemplo sobre el aprendizaje de la escritura, aquello que
se olvida se transforma , se convierte en capacidad. Una relación conciente
con el ritmo de recuerdo y olvido se convierte en metodología básica
para la formación de las capacidades. Las materias educativas son también
un medio para esta formación. En base a este principio, la formación
por periodos, cultivada en las escuelas Waldorf desde sus inicios, ha sido
aplicada de forma prolongada por muchas escuelas. En la enseñanza diaria
se cuida igualmente la disposición rítmica – el ejercicio,
la asimilación,
la recepción de nuevos contenidos se suceden, aquella materia que se
ha impartido el día anterior será recordada al día siguiente
y los alumnos volverán a trabajar sobre ella. El lado nocturno de
la vida del alma se toma en serio.
Jon McAlice
Bibliografía:
A. Borbely, Das Géminis des Schlafes, Stuttgart 1984
Ernst- M. Kranich et al., Die Bedeutung des Rhythmus in der Erziehung,
Beiträge
zur Pädagogik Rudolf Steiners, Bd. I, Stuttgart 1992
Bernd Rosslenbroich, Die rhythmische Organisation des Menschen. Aus der Forschung
der Chronobiologie, Stuttgart 1993
Rudolf Steiner, Ensprechungen zwischen Mikrokosmos und Makrokosmos (gA 201),
Dornach 1987
Rudolf Steiner, Die Erneuerung der pädagogisch-didaktischen Kunst
durch Geisteswissenschaft (GA 301), Dornach 1977
“El interés por la Pedagogía Waldorf alemana
ha aumentado en todo el mundo en una medida tal que estas escuelas
cuentan entre los mejores progresos pedagógicos que ayudan
al desarrollo individual de niños de todas las culturas
y partes del mundo. Por ello merece apoyo de todo tipo.”
Dr. H.C. Hildegard Hamm-Brücher, Ex-Ministra de Estado de
la República Federal de Alemania
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