El amor
como principio básico de la educación
En pedagogía existen tres vías posibles para motivar al
niño
ante el aprendizaje: el miedo, la ambición o el amor. En la Pedagogía
Waldorf se renuncia a las dos vías citadas en primer lugar, y se intenta
despertar en el niño el amor a las cosas que ha de conocer. Los niños
deben interesarse por las materias escolares y la escuela misma por amor, no
a consecuencia de calificaciones o ventajas personales. En lo posible se rehúsa
utilizar medidas coercitivas externas. No la obligación externa, sino
el entusiasmo por un tema debe ser determinante para el aprendizaje. Pero ello
sólo sucede cuando maestros y maestras se hallan tan entusiasmados e
interesados en las materias impartidas como debieran estarlo sus alumnos.

Durante los primeros siete años de vida un niño vive la religión
instintivamente puesto que se entrega incondicionalmente a cualquier experiencia.
Cuando un niño siente alegría ante un acontecimiento, todo es alegría,
cuando se siente desesperado ante un hecho se encuentra sumido completamente
en esa terrible sensación. Esa capacidad de sentirse uno con la
vivencia que experimenta puede ser definida como una religiosidad corporal
o sensible.
La posibilidad de que esa entrega infantil se dirija hacia experiencias
indignas e insanas se presenta en nuestro tiempo como un peligro acuciante.
En el segundo septenio de la vida del niño su entrega religiosa se retrae
y se ve cubierta por una atmósfera suave y lúdica, así como
por un cierto egoísmo sano. En esa etapa las actitudes morales y religiosas,
los sentimientos y el comportamiento sólo pueden ser cultivados a través
de la actividad artística. Se trata ante todo, de cuidar la forma de comportamiento,
de manera que el niño pueda desarrollar el respeto profundo y el
agradecimiento, el amor a todo aquello que aprende y el entusiasmo en toda
su actividad.
En la etapa adolescente surgen, desde lo más profundo del alma, cuestiones
religiosas tales como el sentido de la existencia del hombre o su relación
con el origen divino del mundo. Ante tales preguntas el joven busca la confrontación,
su propio criterio, su propia capacidad de juicio. Es posible desarrollar una
verdadera devoción en la esfera religiosa de la vida y sin embargo ello
puede conducir a errores. El joven puede dejarse llevar por todo tipo de idolatrías
y extravagancias, en lugar de encontrar, a través de la experiencia moral
y religiosa, la fuerza necesaria para desarrollarse interiormente a fin de poder
dar pasos nuevos en la génesis del ser humano.
Jörgen Smit
“La Pedagogía Waldorf está dirigida al niño
en mucha mayor medida que ningún otro sistema educativo.
El aprendizaje, sea de Química, Matemáticas, Historia
o Geografía, está impregnado de vida y alegría,
lo que es la única base real para estudios posteriores.
La educación crece junto con la vida, y sirve así a
los alumnos Waldorf a lo largo de muchos años. Cuando
llegan a un Colegio o a la Universidad, estos estudiantes tienen
una amplia y profunda base, así como un notable entusiasmo
por aprender. Este tipo de estudiantes poseen el ojo de los descubridores,
el corazón compasivo de los reformadores que, cuando intervienen
en una tarea, pueden modificar el planeta.”
Dr. Arthur Zajonic, Associate Professor of Physics, Amherst
College
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