Educar significa cultivar la ciencia, el arte y la religión


• El avance de la civilización trae consigo, por una parte, nuevas e insospechadas oportunidades, por otra, la pérdida de antiguas posibilidades. La libertad individual ha ganado un espacio importante, pero con ello va unida la pérdida de la capacidad de integración del individuo en la sociedad. Algunas esferas de la realidad individual y social, que antaño se hallaban unidas íntimamente, se encuentran hoy día totalmente escindidas. La Pedagogía Waldorf intenta reunir nuevamente tres esferas básicas de la experiencia humana: el arte, la religión y la ciencia, persigue un enriquecimiento mutuo a través de toda su enseñanza. Unir el arte, la religión y la ciencia de forma acorde con la época moderna es un desafío primordial para cualquier educación hoy día.


Supongamos que diferentes personas se encuentran en primavera ante un prado lleno de flores; se despertarán muy distintas preguntas, sensaciones y sentimientos a partir de esta impresión. Mientras que una siente la inclinación a clasificar esa enorme cantidad de percepciones, denominar las diferentes plantas y conocer el ecosistema en sus relaciones internas, otra persona aprovechará la ocasión para preparar papel, pintura y pincel y dar expresión artística a esta impresión. La tercera puede sentirse conmovida por la admiración que despierta el milagro de la creación, por el hecho de que aquellas fuerzas que cada año vuelven a traer este milagro son mucho más poderosas que cualesquiera de las que el hombre habitualmente dispone.
Ante determinados hechos cada ser humano conoce por propia experiencia la inclinación a querer comprender, la disposición a la actividad artística o la tendencia a dirigir la mirada hacia aquellos poderes que dan vida al mundo y a nosotros mismos. Tales inclinaciones se pueden denominar comportamiento científico, artístico o religioso. En el hombre individual estas disposiciones se encuentran desarrolladas en diferente grado.
La civilización moderna ha impuesto claras escalas en la valoración de estas diferentes actitudes. Aquel que hoy día ha alcanzado consideración como científico o artista disfruta de una gran aceptación social, mucho mayor sin embargo que quien se dedica con total entrega a una pequeña labor. Esto no debiera confundirnos, en el alma humana coexisten las tres disposiciones y tienen igual valor. El ser humano será tanto más humano cuanto menos parcial sea en el desarrollo de sus inclinaciones, cuanto más se esfuerce en desarrollar en sí aquel aspecto del que carece en mayor medida.
El arte, la ciencia y la religión son los tres pilares de la civilización. Su significación en la formación humana es indiscutible.
La Pedagogía Waldorf pone especial atención a que en la enseñanza se encuentren entretejidos puntos de vista científicos y estético-artísticos junto con aquellos aspectos relativos al respecto profundo y la admiración ante el mundo.
La forma de componer estos diferentes ámbitos se transforma en el transcurso de la vida escolar de forma adecuada al desarrollo interior que se produce en el niño. De esta forma, la posición científica tiene un mayor relieve en los niveles superiores de la educación que en los niveles básicos. Por otro lado, la admiración y la veneración poseen una cualidad diferente en el Jardín de Infancia que en los primeros años escolares. La preparación de la enseñanza por parte del maestro o la maestra deberá englobar sin embargo todos los aspectos.
Hartmut von Hentig, pedagogo alemán, destaca en su libro “Die Schule neu denken” el problema de la unilateralidad intelectual de la educación actual. Bajo el titulo “La huida del pensamiento hacia el saber” trata sobre las consecuencias de la introducción del ordenador en el aula, y escribe al respecto: “el saber, en lo sucesivo, no tiene nada que ver con cualidad; pude tener como contenido algo que nadie quiere ni debe conocer… y sin embargo se denomina “saber”.
El saber ya no transforma a la persona. Y ante todo el saber no es global”. La recreación de esa globalidad está reservada a un pensamiento que a través de una movilidad artística interior se libera de la fría abstracción. La ética moral se eleva entonces como responsabilidad interna frente al mundo y al ser humano. Nana Göbel

Bibliografía:
Jon Almon, Educating for Creative thinking. The Waldorf Approach, en: revisión 15/, 1992.
Hartmut von Hentig, Die Schule neu denken, München 1993.
Heinz Zimmermann, Erziehung als kunst, en: Der Rhythmus von Schlafen und Wachen, Stuttgart 1990.


“Considero que la Pedagogía Waldorf tiene rasgos característicos únicos que poseen notables posibilidades de mejorar la organización escolar en EEUU. Es tiempo de que la escuela pública descubra aquellos caminos mediante los cuales puede servirse de la Pedagogía Waldorf en el propio entorno.
En mi opinión, la Pedagogía Waldorf ha estado relegada demasiado tiempo en los márgenes del debate sobre la educación. Ha de obtener el tipo de atención que merece”.


Dr. Elliot Eisner, Profesor of Education and Art, Stanford University


 
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