De la educación a la autoeducación

Jamás cesa el hombre de aprender, ni agota su capacidad de aprendizaje. Y sin embargo,¿despierta la escuela, despiertan los educadores y educadoras este entusiasmo por prender que debe acompañar al hombre durante toda su vida? La educación es un continuo desafío. El aprendizaje no termina con la preparación de unos exámenes finales. Solamente quien ha aprendido a amar el aprendizaje podrá dirigir por sí mismo su autoeducación.


Existe una amplia corriente de opinión que considera que la escuela ha cumplido su objetivo cuando el alumno ha superado su examen final. En la escuela Waldorf los alumnos concluyen con éxito su período escolar cuando han alcanzado la capacidad de aprender en el futuro de una forma autónoma y la facultad de poder educarse así mismos. Cada uno de los alumnos debe de hacer suya una capacidad: aprender de la vida.
En la escuela Waldorf enseñan maestros y maestras que están dispuestos a dejarse educar por los niños. Están preparados para autoeducarse permanentemente. Están dispuestos a aprender de la vida. Los niños aventajan a sus profesores en una cuestión fundamental: llevan en sí la semilla de un futuro, en el cual aquellos maestros y maestras habrán concluido sus vidas largo tiempo atrás. Esa apertura de los maestros y maestras para dejarse formar por la vida trasciende a los niños. Ellos mismos se convertirán en seres humanos que permanecerán abiertos a lo nuevo, a lo desconocido, Saben que el futuro deparará mucha sorpresas que sólo serán accesibles a aquél que conozca de la versatilidad del mundo y pueda adoptar una actitud abierta al aprendizaje.
Los maestros de la Escuela Waldorf conocen, a partir de su propia experiencia, que es mucho más difícil autoeducarse que educar a los demás. La autoeducación es una tarea permanente para ellos.
Sólo quien conoce esta verdad puede aportar a los demás el modo de conseguirlo. Solamente quien somete su propio comportamiento agresivo puede impulsar a otros a hacer lo mismo, sólo quien ha vencido su ansia de poder, puede convertirse en un ejemplo de capacidad de dominio de si mismo. El joven sólo acepta el conocimiento de quien vive con autenticidad.
Los maestros y maestras se enfrentan, a través de su profesión, al desafío de juzgarse a sí mismos y a los niños desde un ámbito externo. A través de los niños se pueden descubrir las imperfecciones que el profesor, en interés del niño, quiere superar en si mismo. Puede aprender a descubrir la impertinencia de los alumnos como una prueba de afecto.
“ Solamente se merece una libertad como la vida aquél que tiene que conquistarla cada día” nos dice Goethe. Un principio fundamental para cada maestro Waldorf. La vida no espera de nosotros ninguna fórmula magistral, esta no puede ser superada a través de fórmulas preestablecidas, sino que exige fantasía y un sentido común sano y práctico. Es por eso que la Escuela Waldorf es una escuela en la que debe aprenderse a aprender y en la que puede aprenderse que el ser humano tiene capacidad para convertirse en Hombre a lo largo de toda su vida.

Lorenzo Ravagli / Nana Göbel


“Las escuelas Steiner tienen, principalmente en el continente, un plan de estudios bien elaborado para las Ciencias Naturales, que nunca pierde de vista el conjunto. No comienza en la esterilidad vestida de blanco de laboratorio, sino con la observación precisa de fenómenos cotidianos sin apoyarse inmediatamente en modelos o teorías. Se basa en que existe una profunda relación entre el ser el humano y la Naturaleza, y atribuye a la existencia humana sentido y significado más que una casualidad sin objetivo. En la práctica esto significa que los alumnos hacen bellos sus trabajos científicos, dotados de una observación clara y maravillosa, provistos de diagramas con profusión de colores. Puede haber citas de Blake y Goethe junto a otras de Newton y Galilei; Turner y Monet pueden ilustrar un estudio sobre la luz.”


Kevin McCarthy, Times Educational Supplement


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