Educar para un futuro multicultural


• Los niños pequeños se entienden, juegan, tienen un contacto espontáneo entre ellos: las diferencias raciales, culturales, religiosas o étnicas no son tenidas en cuenta. Esto cambia en la mitad de la infancia, especialmente cuando autoridades aceptadas, ya sean educadores, padres, niños mayores incluso jóvenes, resaltan las diferencias. El niño entonces, atento a las comparaciones, se hace sensible a estas diferencias y comienza a relacionarlas con una escala de valores: “mejor” o “peor” . Allí donde conviven niños de diferentes orígenes o culturas, como sucede con la mayor parte de las escuelas Waldorf, se puede contribuir a una formación real para fomentar la tolerancia y el entendimiento mutuo. La enseñanza de lenguas extranjeras, historia y geografía profundiza y asegura esta mutua comprensión.


Como ser individual y autónomo el niño tiene una ley de desarrollo propia, objetos y metas individuales – esta verdad será reconocida y olvidada de nuevo una y otra vez – A cada niño le es propio un “espíritu humano, su Yo”, y mediante éste, cada ser humano – a pesar de todas las diferencias individuales – se hace igual al resto de la humanidad. Su Yo le presta su origen y dignidad independiente del origen étnico o cultural del individuo. Como espíritu actúa y se apodera del ser humano, tanto del cuerpo como de la experiencias transmitidas por los sentidos, especialmente el lenguaje y con ello también del alma, de sus conocimientos y sus objetivos.
El Yo vive en el juego y en el trabajo, en la alegría y en la tristeza – desde la primera hasta la última respiración. A través de su espíritu, el “sí mismo” forma la sustancial “Unidad de todos los hombres”.
Las diferencias culturales individuales de la humanidad son órganos e instrumentos del espíritu de la humanidad – el espíritu de todos los hombres -, así como el cuerpo y el alma son instrumentos del Yo individual.
Desde esta perspectiva cabría preguntarse, qué se puede hacer desde la educación en relación con la cuestión mundial del entendimiento entre los pueblos, la paz, el internacionalismo, la multiculturalidad.
Desde el punto de vista de la Escuela Waldorf no se trata de desarrollar algo nuevo para lo que la aproximación pedagógica no tenía ningún espacio específico, sino que el esfuerzo que ha de ser realizado en este sentido debe integrarse en el conjunto de la educación. A partir de una tarea más amplia: “educar a los hombres como Hombres” se debe de terminar el ideal que surge en las conciencias de las gentes como propio de su tiempo. La tarea citada está incluida en un esfuerzo más amplio, la educación moral y social.
También la lengua materna así como la enseñanza temprana de lenguas extranjeras (a partir de la 1ª clase) abre el alma del niño para transitar lingüisticamente otros caminos del mundo, tal como queda facilitado por los diferentes idiomas. De esta forma postula R. Steiner ya en 1918: “Después de la guerra, deberá cesar el aborrecimiento de las lenguas extranjeras”; puesto que en su interior yace la frontera entre una sociedad y otra absolutamente todo depende de la comprensión entre los pueblos. La enseñanza de la historia y la geografía conduce a una comprensión y a
una familiarización con la multiplicidad de culturas y pueblos, siempre y cuando no se éste limitada al ámbito nacional o territorial, sino que se disponga en función de las obras y contribuciones culturales de los diversos pueblos, tal y como lo hace la Pedagogía Waldorf. A partir de esta experiencia crece la comprensión de que la unidad de la humanidad muestra precisamente una diferenciación y multiplicidad porque cada una de esas parte diferenciadas representa un instrumento a través del cual suena una tonalidad que se integra en la sinfonía del mundo, en ese tejido de tonos no puede faltar ningún instrumento, el resultado sería consecuentemente, un empobrecimiento espiritual. Stefan Leber


Bibliografía:
G. Auernheimer, Einführung in die interkulturelle Erziehung, Darmstadt 1990
H. Fend, Sozialgeschichte des Aufwachsens. Bedingungen des Aufwachsens und Jugendgestalten im zwanzigsten Jahrhundert, Frankfurt 1988.
H. von Hentig, Die Schule neu zu denken. Eine Übung in praktischer Vernunft. –Eine zornige, aber nicht eifernde, eine radícale, aber nicht utopische Antwort auf Hoyerswerda und Mölln , Rostock und Solingen, 2 München 1993.
K- H. Hillmann, Wertwandel. Zur Frage soziokultureller Voraussetzungen alternativer Lebensformen, Darmstadt 1989.
H. Klages, P. Kamicciak (_Hrsg.) Wertwandel und gesellschaftlicher Wandel, Frankfurt/M. Und New York.


“La primera vez que oí hablar de la escuela Waldorf fue hace cinco años, después de haber realizado una extensa investigación sobre los aspectos neurológicos del conocimiento, el movimiento y la madurez. Fue una alegría para mí decubrir que existe un plan de estudios perfecto desde el punto de vista neurológico. Apoyo de todo corazón los esfuerzos por llevar con mayor fuerza el movimiento Waldorf a la conciencia pública, y espero que de este modo no sólo se creen más escuelas Waldorf, sino que también se adopte parte de estas ideas en la enseñanza general, que necesita con tanta urgencia este tipo de impulsos”.


Dee Joy Coulter EJ.D., Profesor, University of Colorado, Asesor Educational Outreach


 
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