Andar,
hablar, pensar -
Tres frases esenciales en el desarrollo infantil
El ser humano es un sutil equilibrio de potencial inestabilidad.
Su Unicidad se muestra ya en las tres fases de desarrollo de la infancia
temprana: mantener
el equilibrio y andar, así como posteriormente aprender a hablar y pensar.
Solamente el ser humano puede alcanzar estas tres facultades, que al mismo
tiempo son la base de cualquier desarrollo y aprendizaje posteriores.
La observación de estas etapas del desarrollo demuestra que la actividad
motora del niño tiene una influencia formativa sobre el cuerpo y pone
los cimientos para el desarrollo de las facultades cognoscitivas. Ello es válido
especialmente en los primeros años de la infancia, pero al mismo tiempo
es un aspecto fundamental de todo aprendizaje, por lo que debe ser contemplado
en el currículum escolar.

En los tres primeros años de vida el niño pasa por una evolución
progresiva de importancia vital para su desarrollo humano.
J.G. Herder denominó estas frases en su escrito “Ideas sobre la
filosofía de la Historia de la Humanidad” como las tres etapas que
constituyen la especificidad humana, ya que entre todos los seres sólo
el hombre posee estas tres capacidades.
Como primer paso el niño aprende a elevarse en contra de la fuerza de
la gravedad y, manteniéndose en equilibrio, camina sobre sus dos piernas.
Alrededor de esa época el niño comienza a hablar y en base a su
capacidad para hablar aparece el primer pensar autónomo. El niño
comienza a preguntar lo que significa esto o aquello y empieza a recordar
el pasado.
Pocos meses después de su nacimiento el bebé comienza a alzar su
cabeza. Una vez que ha desarrollado suficientemente la musculatura para mantener
la cabeza en su posición erguida comienza a moverse a través del
espacio. Primero se “arrastra” sobre el suelo, pero pronto eleva
las rodillas bajo su cuerpo, los brazos levantan a pulso el tronco y comienza
a gatear. A cada paso conseguido en el proceso del movimiento le sigue otro nuevo.
Paso a paso el niño se libera de la fuerza de la gravedad. La alegría
de un niño que da solo sus primeros pasos es inolvidable. Con la capacidad
de andar los brazos se ven liberados para realizar actividades creativas, y con
ello se inicia la formación del lenguaje. Primero balbucea, después
comienza a formar palabras y más tarde suma unas palabras a otras. Al
principio, la palabra “mamá” significa todo aquello que tiene
relación con la madre. Y establece una diferencia: “mamá ven”, “mamá hambre”,
etc. De igual forma que el niño entra en una relación diferente
con el espacio cuando comienza a caminar de forma erguida, inicia a través
del lenguaje una nueva relación con las personas de su entorno y consigo
mismo. Así como, mientras aprende a caminar, el esqueleto y la musculatura
del niño se reorientan para permitir la postura erguida, en el desarrollo
de la capacidad lingüística se conforma la fina musculatura de los órganos
de fonación y de la mímica. El lenguaje es un milagro de coordinación.
En la formación del lenguaje no solamente participan cerca de cien diferentes
músculos, sino que es necesario el dominio de la respiración y
el control de la laringe. A través del mismo proceso lingüístico
el niño transforma la disposición de sus órganos de fonación,
de forma que queden adaptados para producir la comunicación. El aprendizaje
del lenguaje no solamente conlleva un solo cambio en la organización física,
sino que también lleva a una diferenciación en la vida anímica
del niño. El lenguaje empleado en el entorno de un niño tiene una
importancia decisiva sobre el desarrollo del mundo de sus sentimientos. Un lenguaje
rico y armonioso estimula una vida interior múltiple y diversa;
un lenguaje pobre, burdo conduce a un empobrecimiento de la misma.
Andar y hablar forman la base del desarrollo del pensamiento. El niño
comienza a nombrar las cosas que aparecen en su entorno, empieza a establecer
relaciones entre ellas y a expresarlas a través del lenguaje. Comienza
a preguntar cuando no entiende algo. Este pensamiento en fase incipiente está unido
directamente a la actividad motora infantil y ligado a la formación del
lenguaje. Mediante la marcha erguida aprende a dominar brazos y piernas a través
de su voluntad; el lenguaje abre la posibilidad al niño de experimentarse
a sí mismo en relación con el mundo que le rodea. Ahora
comienza a reproducir sus experiencias dentro de su propio pensamiento.
Los primeros tres años de la vida del niño, en las cuales adquiere
estas tres capacidades, andar, hablar y pensar, muestran como la organización
corporal se convierte en la base del desarrollo y el inicio de la actividad de
las capacidades intelectuales. Esta relación aparece absolutamente clara
en los tres primeros años de vida, debido a la plasticidad del organismo
infantil, sin embargo permanece activa como ley básica del desarrollo
humano durante su vida completa.
Jon McAlice
Bibliografía:
F König, Die resten drei Jahre des Kindes,
Frankfurt 1981
Karl Köning, Die resten drei Jahre des Kindes,
Stuttgart 1989
Mariela Kolzowa, Untersuchungen zur Sprachentwicklung, en:
Der Kinderarzt 6/7 1975
e. Straus, Die aufrechte Haltung, en:
W. Bräutigam (Hrgs.), Medizin-psychologische Anthropologie, Darmstadt 1980
“Con respecto a la utilización
de fondos, doy preferencia por ejemplo a las escuelas Steiner.”
Lord Campbell of Alloway
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